El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha presentado oficialmente su ambicioso proyecto de defensa nacional denominado “Cúpula Dorada” (Golden Dome), un sistema inspirado en el modelo israelí “Iron Dome” pero concebido a una escala sin precedentes para proteger todo el territorio estadounidense de amenazas como misiles balísticos, hipersónicos y de crucero, incluso con interceptores espaciales.

Según la Casa Blanca, el presupuesto estimado es de 175.000 millones de dólares, con el objetivo de tenerlo operativo antes de que finalice su mandato en 2029. Como primer paso, se han destinado 25.000 millones de dólares a través del proyecto de ley de reconciliación presupuestaria denominado “One Big Beautiful Bill”. El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, respaldó el plan calificándolo como una inversión histórica, destacando que el sistema se desplegará en fases y contará con una arquitectura de cuatro capas integradas: una capa espacial y tres terrestres, utilizando radares avanzados, interceptores de última generación y posiblemente armas láser.

Según documentos internos del Pentágono, la primera prueba crítica está programada para el cuarto trimestre de 2028 bajo el nombre “FTI-X”, en la que se evaluarán sensores y armas integradas del sistema espacial. Sin embargo, el proyecto ha recibido críticas por su viabilidad técnica y su elevado costo. La Oficina Presupuestaria del Congreso advierte que los gastos reales podrían superar los 500.000 millones de dólares en dos décadas, muy por encima de las estimaciones iniciales.

Expertos en defensa señalan que cubrir la vasta geografía de Estados Unidos plantea retos mucho más complejos que en el caso de Israel. A nivel internacional, Canadá ha manifestado interés en participar, aunque las negociaciones sobre su aporte económico siguen en curso. Por otro lado, Rusia, China y Corea del Norte han expresado su rechazo.

Moscú asegura que la Cúpula Dorada amenaza la estabilidad estratégica global; Pekín acusa a Washington de violar el Tratado del Espacio Exterior y fomentar la militarización del espacio; mientras que Pyongyang advierte que este tipo de desarrollos podrían desencadenar una guerra nuclear en el espacio. En el sector industrial de defensa, el proyecto ha acaparado la atención en foros como el Simposio de Defensa en Huntsville, Alabama, donde contratistas y empresas tecnológicas buscan posicionarse para competir en licitaciones, pese a que aún quedan por definir detalles técnicos y requisitos específicos.

Con esta iniciativa, Trump apuesta por dejar como legado un sistema defensivo integral que, según sus defensores, convertiría a Estados Unidos en un país prácticamente invulnerable a ataques de misiles, pero que, según sus detractores, podría desatar una nueva carrera armamentista global y generar tensiones diplomáticas de gran alcance.

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