
En defensa de la libertad de expresión, Jane Fonda, junto con cientos de estrellas de Hollywood, ha revivido un histórico movimiento de protesta que nació en plena Guerra Fría. Actores de renombre como Natalie Portman, Sean Penn y Anne Hathaway, así como directores de la talla de Spike Lee y Aaron Sorkin, figuran entre los más de 550 firmantes del renovado “Comité para la Primera Enmienda”, según se anunció este miércoles. En el sitio web oficial del movimiento se advierte: “Este comité se formó por primera vez durante la era McCarthy, una época oscura en la que el gobierno federal reprimió y persiguió a ciudadanos estadounidenses por sus opiniones políticas.
Hoy esas fuerzas han regresado, y ahora es nuestro turno de unirnos para defender nuestros derechos constitucionales”. Jane Fonda, de 87 años, lidera la iniciativa siguiendo los pasos de su padre, el legendario actor Henry Fonda, quien fue uno de los miembros fundadores del comité original en la década de 1940. La Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos garantiza las libertades de expresión y de prensa, y precisamente en el contexto del inicio de la Guerra Fría, el senador Joseph McCarthy impulsó medidas represivas dirigidas especialmente contra Hollywood, al que acusaba de fomentar ideas “antiestadounidenses”.
Aquel primer movimiento de protesta, considerado un hito en la defensa de los derechos civiles, contó con figuras icónicas como Judy Garland, Humphrey Bogart y Frank Sinatra. Estos artistas denunciaron públicamente la represión y el acoso, organizaron delegaciones a Washington y llevaron su voz a programas de radio, alertando sobre los peligros que amenazaban la libertad de pensamiento. El resurgimiento actual del comité, según sus impulsores, “no es un simple disparo de advertencia, sino el comienzo de una lucha duradera”.
La nueva ola de movilización se enmarca en un clima político tenso, intensificado tras la decisión del Grupo Disney de cancelar temporalmente el programa nocturno de Jimmy Kimmel, presionado por el gobierno de Estados Unidos y el regulador de medios. Kimmel había provocado la ira del entorno del presidente Donald Trump al referirse con dureza al asesinato del activista ultraderechista Charlie Kirk. Ante la avalancha de críticas públicas, la cadena terminó restituyendo el programa, y Kimmel calificó los intentos de silenciarlo como “abiertamente antiestadounidenses”.
Trump, por su parte, sostiene que las críticas contra él y su administración son “ilegales”, mientras que el comité advierte directamente a los grandes estudios de cine y televisión que no cedan ante las presiones de Washington. En un comunicado contundente señalaron: “A quienes se benefician de nuestro trabajo mientras ponen en riesgo los medios de vida de los trabajadores, se inclinan ante la censura del gobierno y se acobardan ante la intimidación brutal: los vemos, y la historia no los olvidará”.