
Serena Williams, la histórica campeona de 23 torneos de Grand Slam, ha confesado públicamente que recurrió a un medicamento del tipo GLP-1 para perder 31 libras tras enfrentar una dura batalla con su cuerpo después de dos embarazos, señalando que ni el entrenamiento intensivo ni la dieta estricta le permitían alcanzar un peso saludable.
La tenista explicó que inició el tratamiento en 2024 bajo supervisión médica y con apoyo de la plataforma de telemedicina Ro, de la cual ahora es portavoz, y aseguró que desde entonces experimenta más energía, menos dolor en las articulaciones y una sensación renovada de ligereza física y mental. Consciente de la controversia que rodea el uso de estos medicamentos, Williams subrayó que su decisión no fue un atajo ni una frivolidad, sino una solución médica a una necesidad real, afirmando que cada persona debe aprender a quererse sin importar el tamaño o la apariencia, pero que también es válido buscar ayuda profesional para mejorar la salud.

La revelación ha generado opiniones divididas en la opinión pública, pues mientras algunos críticos consideran inapropiado que una figura tan influyente promocione fármacos para adelgazar, otros celebran su franqueza y la valentía de compartir una experiencia íntima que visibiliza los retos de la maternidad y la recuperación física.
Williams, que ya no compite de manera profesional, sigue siendo una de las deportistas más reconocidas del mundo y su testimonio vuelve a abrir el debate sobre el papel de la ciencia, la presión social y la aceptación personal en torno al cuerpo de las mujeres, especialmente en figuras públicas sometidas a constante escrutinio.