A partir de la década de 1950, las grandes compañías petroleras y químicas comenzaron a instalar refinerías y plantas a lo largo del corredor industrial que une Nueva Orleans con Baton Rouge, en Luisiana. Con el paso de los años, esta franja se transformó en una de las mayores conurbaciones de la industria petroquímica en todo el mundo occidental, convirtiéndose en símbolo de éxito económico y generación de empleo. 

Sin embargo, ese progreso tiene un costo terrible: los residentes de la región mueren de cáncer a un ritmo alarmante. La zona es hoy tristemente conocida como “Cancer Alley” o “Callejón del Cáncer”. Las escenas cotidianas revelan el contraste brutal: chimeneas industriales que escupen humo en el horizonte, el rugir de los vehículos pesados recorriendo las carreteras, y, en primer plano, cementerios que parecen recordar la tragedia humana que se vive en la región. Robert Taylor, un hombre de 84 años, compartió su historia de dolor durante una visita a la tumba de su difunta esposa.

Ella murió tras una larga batalla contra el cáncer de mama, sumada a insuficiencia cardíaca y constantes hospitalizaciones durante dos décadas. Taylor se pregunta si la fábrica de neopreno ubicada a pocos cientos de metros de su hogar es la culpable de tantas enfermedades en su familia. Su madre también falleció de cáncer, el nieto de su hermana enfermó gravemente a los 38 años, y varios de sus hijos padecen dolencias crónicas y autoinmunes. Según Taylor y muchos activistas, la industria química es responsable directa de esta catástrofe sanitaria, pero también lo es el propio gobierno de Estados Unidos, que ha tolerado durante décadas niveles peligrosos de contaminación.

En la actualidad, más de 200 fábricas y refinerías operan en el bajo delta del Mississippi, emitiendo sustancias cancerígenas como el cloropreno. Los testimonios de enfermedad y muerte se repiten una y otra vez, y la población, mayoritariamente afroamericana, es quien sufre las consecuencias de lo que se ha denominado una “zona de sacrificio”: un lugar donde se sacrifica la salud de las personas y el medio ambiente en nombre de la producción industrial. En 2021, una investigación de ProPublica estimó que cientos de miles de personas en Estados Unidos viven en áreas con condiciones similares, pero el “Callejón del Cáncer” es uno de los casos más extremos.

Bajo la administración de Joe Biden, en 2023 el gobierno federal presentó una demanda contra la compañía Denka, responsable de una de las fábricas más contaminantes, exigiendo reducciones en las emisiones de cloropreno. Sin embargo, el actual presidente Donald Trump revirtió esta iniciativa: su Departamento de Justicia retiró la demanda y detuvo otras acciones legales contra grandes contaminadores, al mismo tiempo que eliminó regulaciones y congeló fondos de ayuda.

El resultado es desolador: los habitantes de esta zona industrial enfrentan un riesgo diez veces mayor de desarrollar cáncer en comparación con el promedio nacional. Aunque en años recientes esa cifra llegó a ser hasta 50 veces mayor, una reducción del 80 % en las emisiones de cloropreno de Denka logró disminuir levemente la exposición. Pese a ello, la situación sigue siendo alarmante y muestra cómo las decisiones políticas, la presión de la industria y la falta de protección ambiental condenan a comunidades enteras a vivir rodeadas de muerte, enfermedad y abandono.

STOP
COOKIES
Aviso legal y política técnica
Este portal opera exclusivamente bajo las leyes y regulaciones de los Estados Unidos. No está sujeto ni adherido a marcos regulatorios de la Unión Europea (GDPR, DSA, DMA).

Este sitio no utiliza cookies, ni tecnologías de rastreo, ni sistemas de perfilado de usuarios. El acceso desde otras jurisdicciones se realiza bajo responsabilidad del usuario.
XX1N Radio China