Contra los pronósticos, Irak registró una elevada participación en las elecciones parlamentarias: más del 55% de los aprox. 21 millones de electores emitieron su voto, según la autoridad electoral nacional. La cifra supone un salto notable frente a 2021, cuando la concurrencia cayó a un mínimo histórico del 41%. Analistas y observadores preveían otra jornada de apatía, acentuada por el desencanto político y el llamado al boicot del influyente clérigo chií Moqtada al-Sadr. Para los especialistas, que más de 12 millones de ciudadanos hayan acudido a votar sugiere que una parte de la sociedad mantiene expectativas en el proceso institucional, aunque persiste el escepticismo. 

Un tablero político complejo

El primer ministro Mohammed Shia al-Sudani, que busca un segundo mandato, apunta a ser el más votado con su bloque, pero sin mayoría absoluta. En consecuencia, las negociaciones para formar gobierno entre partidos chiíes, suníes y kurdos podrían extenderse durante semanas o meses, como ha ocurrido en ciclos previos.

Retos inmediatos del nuevo Parlamento

Corrupción estructural y desempleo persistentes. Servicios públicos insuficientes (electricidad, agua, salud) que afectan la vida cotidiana. Exigencia social de mejoras visibles para evitar una recaída en las protestas de 2019–2020.

Lo que sigue

La publicación de resultados oficiales se espera en los próximos días. A partir de entonces, comenzará la ronda de alianzas y pactos, clave para la estabilidad política y la agenda de reformas.

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