
La tensión entre Ucrania y Rusia escaló nuevamente tras un presunto ataque con drones ucranianos en una región petrolera del oeste de Siberia, a más de 2.000 kilómetros de la línea del frente. Según informaron las autoridades locales, los aparatos fueron detectados cerca de las instalaciones de una empresa energética y neutralizados antes de causar daños mayores. La administración regional de Tiumén confirmó que los drones fueron “inmovilizados de forma segura” y que no se registraron heridos ni afectaciones estructurales.
Sin embargo, un canal ucraniano de Telegram aseguró que una refinería habría sido impactada directamente, información que no pudo ser verificada de manera independiente. De confirmarse el origen ucraniano de los drones, este sería el primer ataque documentado más allá de los Montes Urales, lo que marcaría un nuevo alcance operativo para la tecnología de largo alcance de Kiev. Hasta ahora, los drones ucranianos habían operado principalmente dentro de la Rusia europea o cerca de las fronteras, pero nunca tan profundamente en el territorio asiático ruso.
Durante el verano, Ucrania ya había llevado a cabo una operación inédita en Irkutsk, también en Siberia, donde bombarderos estratégicos rusos fueron dañados mediante drones introducidos clandestinamente en camiones y lanzados cerca de un aeródromo militar. Mientras tanto, el Ministerio de Defensa ruso reportó que su defensa aérea interceptó 184 drones ucranianos en una sola noche, lo que sugiere una intensificación de los ataques aéreos en distintos frentes.
En respuesta, el ejército ruso volvió a lanzar ataques contra infraestructura ucraniana, principalmente en el centro y norte del país. Al menos una persona murió y otra resultó herida durante uno de los ataques en la región de Sumy, cercana a la frontera con Rusia. Las autoridades locales informaron además de cortes de energía, daños en viviendas y afectaciones a líneas ferroviarias y depósitos logísticos.
En el centro de Ucrania, se registraron interrupciones en los servicios de electricidad y agua potable, agravando la situación humanitaria en varias ciudades. Según la Defensa Civil ucraniana, los ataques rusos de represalia se concentraron en infraestructura crítica, una estrategia que busca presionar a la población civil a través del desgaste energético.
El conflicto, que ya ha superado los dos años de enfrentamientos, muestra una creciente expansión tecnológica y geográfica. Los ataques con drones, tanto rusos como ucranianos, reflejan una guerra que ya no se libra solo en las trincheras, sino también en el aire y a miles de kilómetros del frente.