
Los reactores de la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa y uno de los puntos más sensibles del conflicto en Ucrania, vuelven a ser motivo de alerta internacional tras la publicación de un análisis que advierte sobre vulnerabilidades críticas ante un posible impacto directo de artillería. Aunque estos reactores están diseñados para resistir terremotos, vibraciones y accidentes graves, no fueron concebidos para soportar el bombardeo intencional o accidental derivado de operaciones militares. Expertos señalan que si un proyectil impactara en un punto específico del reactor, podría desencadenarse un fallo en la refrigeración que, en última instancia, provocaría el sobrecalentamiento y fusión del núcleo.
Desde el inicio de la invasión rusa en 2022, la planta —ubicada a unos 1.000 kilómetros de Austria— quedó bajo control de tropas rusas y se convirtió en escenario de combates, lo que ha llevado al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) a advertir repetidamente del riesgo de un accidente nuclear grave si las hostilidades se intensifican. El análisis, realizado por Nikolaus Müllner, director del Instituto de Ciencias de la Seguridad y el Riesgo de la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida de Viena, en cooperación con el Centro de Defensa NBC de las Fuerzas Armadas de Austria, examinó distintos tipos de armas y municiones utilizados en la guerra de Ucrania para determinar su posible efecto sobre los reactores VVER-1000/320, un diseño de origen ruso que también opera en varios países europeos.
Los investigadores identificaron una zona particularmente vulnerable dentro del reactor, donde las tuberías de vapor vivo y agua de alimentación confluyen en un punto estrecho cerca del techo del edificio. Este “cuello de botella” técnico, encargado de suministrar agua fría al reactor y evacuar vapor caliente, constituye una debilidad estructural si la planta se viera sometida a un impacto directo, incluso accidental, como ocurrió en marzo de 2022 cuando partes de la Unidad 1 y la subestación de la Unidad 6 sufrieron daños involuntarios.
Aunque los reactores están preparados para resistir desastres naturales y escenarios extremos, no fueron diseñados pensando en ataques con artillería pesada. Según el estudio, si un proyectil de guerra llegara a golpear esta zona crítica y destruyera simultáneamente todas las líneas de alimentación y refrigeración conectadas, el agua del reactor podría evaporarse en aproximadamente cuatro horas, provocando el sobrecalentamiento del núcleo. Dos horas más tarde, el recipiente de presión del reactor podría fracturarse, y si la rotura ocurriera bajo alta presión, el contenedor externo también fallaría.
En total, el material radiactivo podría comenzar a liberarse en un plazo de seis horas desde el impacto. Aunque las probabilidades siguen siendo extremadamente bajas en condiciones normales, los investigadores enfatizan que el riesgo no puede descartarse en un escenario de combate activo. De producirse un accidente de estas características, la liberación de productos de fisión sería detectable incluso a miles de kilómetros, mientras que a nivel regional representaría un problema severo con cantidades relevantes de radiactividad, lo que renovaría temores de un desastre nuclear en plena Europa del Este.