
Desde el jueves, Irán enfrenta un apagón casi total de Internet, una medida adoptada por las autoridades con el objetivo de limitar la comunicación entre los manifestantes que han salido a las calles para exigir cambios políticos y restringir el flujo de información hacia el exterior. El bloqueo incluye tanto el acceso a la red como, en algunas zonas, interrupciones parciales de las comunicaciones telefónicas.
La decisión del gobierno iraní ha sido interpretada como un intento de frenar la coordinación de las protestas y evitar la difusión de imágenes, videos y reportes sobre la magnitud de las movilizaciones. En contextos anteriores, este tipo de apagones ha sido utilizado como herramienta para aislar a la población y reducir la presión internacional.
En este escenario, surgió la posibilidad de que Estados Unidos facilite el acceso a Internet a través de tecnología satelital. Consultado sobre si su gobierno consideraría habilitar. el servicio Starlink en Irán, el presidente estadounidense Donald Trump señaló que el tema está siendo evaluado y que se analizarán opciones para restablecer la conectividad si resulta técnicamente posible.
Trump indicó posteriormente que planeaba conversar con el empresario tecnológico Elon Musk, cuya empresa SpaceX opera Starlink, el mayor proveedor de internet satelital a nivel mundial. La utilización de este sistema permitiría, en teoría, una conexión directa con el exterior, siempre que existan los terminales necesarios dentro del territorio iraní. El presidente estadounidense ha reiterado en distintas ocasiones su respaldo político a quienes participan en las protestas contra el gobierno iraní.
En declaraciones recientes, afirmó que su administración sigue de cerca los acontecimientos y que la situación en Irán es considerada un asunto de alta prioridad para Washington. Según Trump, Estados Unidos recibe informes constantes sobre la evolución de la crisis y evalúa distintas alternativas de respuesta. Estas opciones incluirían medidas diplomáticas y económicas, así como otras acciones que no implican necesariamente una intervención militar directa.
En paralelo, Teherán ha advertido que respondería con contraataques si Estados Unidos adoptara medidas hostiles en apoyo al movimiento de protesta, mencionando posibles objetivos como instalaciones militares estadounidenses en Oriente Medio. Estas advertencias han elevado la tensión regional y aumentado la atención internacional sobre el conflicto.
Ante estas amenazas, Trump sostuvo que cualquier ataque contra intereses estadounidenses tendría una respuesta contundente. La situación refleja un delicado equilibrio entre presión política, herramientas tecnológicas y riesgos de escalada militar, en un contexto en el que el control de la información se ha convertido en un factor central del conflicto.