
Ningún otro país ha producido tantos ganadores del Premio Nobel como Estados Unidos, una potencia científica cuya influencia global ha marcado la historia moderna. Sin embargo, investigadores de la Real Academia Sueca de Ciencias, institución encargada de otorgar los Nobel de Física, Química y Economía, advierten que el país podría estar perdiendo ese liderazgo debido a las políticas del expresidente Donald Trump.
Según Hans Ellegren, secretario general de la Academia, las medidas de Trump —que incluyeron recortes de fondos, restricciones a la libertad académica y el despido masivo de científicos en agencias federales— amenazan con desmantelar las bases que permitieron a Estados Unidos convertirse en el motor mundial de la innovación. “La inversión a largo plazo en investigación básica y la independencia de las universidades han sido las claves del éxito estadounidense.
Si se reducen esos pilares, la posición del país quedará en riesgo”, afirmó. Desde enero, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) han registrado más de 2.100 subvenciones por un valor total de 9.500 millones de dólares, además de contratos por otros 2.600 millones, según la base de datos Grant Watch. Pero varios programas esenciales —como los estudios sobre cáncer, Alzheimer y el impacto del cambio climático en la salud— enfrentan recortes o bloqueos.
Trump también ha mostrado su intención de limitar las investigaciones sobre vacunas, justicia social e inclusión, lo que genera preocupación entre los académicos. Para Thomas Perlmann, secretario del Comité Nobel de Medicina, Estados Unidos ha sido durante décadas “el verdadero motor de la ciencia mundial”, pero el panorama se está volviendo incierto. “No se necesitan muchos años de grandes recortes para causar daños irreversibles”, advirtió.
Los científicos temen que las políticas restrictivas puedan generar un éxodo de investigadores, afectando no solo a Estados Unidos sino también a la comunidad científica internacional. Ellegren subrayó que una vez que los científicos pierden sus puestos o financiamiento, resulta difícil que regresen incluso si los presupuestos se recuperan. “Existe el riesgo de que se pierda toda una generación de jóvenes investigadores”, alertó. Además, la cooperación internacional ya muestra signos de deterioro. Los NIH, que solían financiar proyectos en otros países, han reducido su participación global.
“Cualquier regulación nacionalista o chovinista entorpece el intercambio de ideas y datos, algo esencial en la ciencia”, afirmó Ellegren. “La investigación es por naturaleza global: siempre ha dependido del intercambio de conocimientos y experiencias”. Mientras tanto, China emerge como un nuevo centro científico mundial, con inversiones masivas en tecnología e innovación.
“El Estado chino está invirtiendo sumas increíbles”, reconoció Ellegren, aunque aclaró que Estados Unidos aún conserva una sólida presencia. Este año, dos de los tres ganadores del Nobel de Medicina son estadounidenses, y el Premio Nobel de Física recayó en un científico de EE.UU., uno británico y uno francés, todos ellos con sede en California. Aun así, el mensaje de la Academia Sueca es claro: sin un compromiso firme con la investigación y la libertad científica, incluso el país más premiado del planeta podría ver debilitado su papel histórico como faro de la ciencia global.