
El gobierno ecuatoriano confirmó que el presidente Daniel Noboa fue víctima de un intento de asesinato durante una violenta protesta en la que cientos de manifestantes atacaron el convoy presidencial con piedras y, presuntamente, con disparos de arma de fuego. De acuerdo con las autoridades, los hechos ocurrieron mientras el mandatario se desplazaba por una zona afectada por las recientes protestas en rechazo a la eliminación de los subsidios al diésel.
La ministra de Medio Ambiente, Inés Manzano, informó el martes que el presidente resultó ileso pese a que su vehículo blindado recibió varios impactos. “Alrededor de 500 personas se presentaron y le arrojaron piedras; evidentemente hay agujeros de bala en el automóvil del presidente”, declaró Manzano ante los medios. El propio gobierno difundió un video grabado desde el interior de uno de los vehículos que acompañaban al jefe de Estado.
En las imágenes se observa a un grupo de manifestantes con banderas cubriendo sus rostros, recogiendo piedras y ladrillos para lanzarlos contra el convoy. En el momento en que el automóvil presidencial pasa, los proyectiles golpean las ventanas mientras se escucha una voz advirtiendo: “Cabezas bajas, cabezas bajas”. Las autoridades confirmaron que se ha abierto una investigación formal para determinar si los daños en el vehículo de Noboa fueron provocados por disparos reales o únicamente por los objetos lanzados.
La ministra Manzano calificó el hecho como un “intento de asesinato”, y aseguró que cinco sospechosos fueron detenidos en relación con el ataque. No es la primera vez que el presidente enfrenta una situación similar: en septiembre ya se había registrado otro ataque en medio de fuertes tensiones sociales.
Las protestas, que se han intensificado en las últimas semanas, tienen como trasfondo la decisión del gobierno de eliminar los subsidios al diésel, una medida que ha generado malestar entre transportistas y sectores populares. Desde el Ejecutivo, se acusa a grupos vinculados al narcotráfico y al crimen organizado de aprovechar el descontento social para desestabilizar al país.
El presidente Noboa, quien asumió el poder con la promesa de restaurar la seguridad nacional, enfrenta así uno de los mayores desafíos de su mandato: mantener el orden en medio de una creciente ola de violencia y descontento ciudadano.