
El presidente autoritario de Venezuela, Nicolás Maduro, volvió a escalar su retórica, acusando a quienes describió como “sionistas de derecha” de intentar “entregar a Venezuela a los demonios imperialistas”.
Sus declaraciones llegan en un momento de creciente tensión, mientras la administración Trump aumenta la presión militar y diplomática sobre Caracas, y la oposición venezolana continúa exigiendo un cambio político y garantías democráticas.
Durante una aparición pública televisada, Maduro enmarcó la situación como una lucha espiritual e histórica, utilizando un lenguaje simbólico y confrontativo para movilizar a su base política. “¿Quién prevalecerá? ¿El pueblo, el de David, el de Dios, el de Bolívar, o los demonios imperialistas?”, declaró, presentando a su gobierno como una fuerza heroica que resiste a potencias extranjeras y adversarios internos.
El mensaje estuvo dirigido tanto a sus seguidores como a la comunidad internacional, a la cual acusa de orquestar una campaña para desestabilizar su administración. A través de esta narrativa, Maduro busca retratar a Venezuela como una nación sitiada, presentando cualquier crítica interna como parte de una conspiración externa.
Mientras la oposición sostiene que la presión internacional debe conducir a reformas democráticas y elecciones libres, Maduro continúa apoyándose en el discurso antiimperialista para justificar su permanencia en el poder y desviar la atención de la crisis interna que se agrava día a día.