
Un nuevo ataque nocturno contra el puerto ucraniano de Izmajil, en el Mar Negro, tuvo repercusiones directas en el país vecino. En la aldea fronteriza de Plauru, situada del lado rumano del Danubio, las autoridades ordenaron la evacuación de la población después de que un camión cisterna de gas licuado se incendiara y fuese considerado un riesgo grave por su carga altamente inflamable.
Como medida adicional, las carreteras y las vías fluviales de la zona fueron temporalmente cerradas, informaron las autoridades del Estado miembro de la UE. El Ministerio de Defensa en Bucarest aseguró que “no se detectó ninguna intrusión no autorizada en el espacio aéreo nacional” de Rumanía.
Según los equipos de rescate, la evacuación se llevó a cabo principalmente como “medida de precaución”, ante el temor de que el incendio pudiera agravarse o que se produjeran nuevas detonaciones en medio de la tensión regional.
El hecho se produce en un contexto de creciente preocupación por el impacto de la guerra más allá de las fronteras ucranianas. El viernes anterior, el embajador ruso había sido convocado por el Ministerio de Asuntos Exteriores rumano después del hallazgo de supuestos restos de drones procedentes de ataques aéreos rusos contra Ucrania en territorio rumano.
Desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022, Rumanía —miembro de la OTAN— ha reportado avistamientos recurrentes de drones en su espacio aéreo, así como fragmentos de aparatos derribados o estrellados en distintas zonas del país. Estos incidentes alimentan el temor de que la guerra pueda afectar cada vez más a países vecinos y complicar la seguridad en toda la región del Mar Negro.