
La tensión entre China y Taiwán volvió a escalar después de que la policía china incluyera a dos influencers taiwaneses en su lista de buscados y ofreciera una recompensa equivalente a 30.300 euros por información que permita capturarlos. Según Beijing, ambos llevan años difundiendo e incitando a “puntos de vista separatistas”, una acusación que China usa con frecuencia contra voces críticas de la isla.
Los implicados son Pa Chiung y el rapero Chen Po-yuan, figuras populares entre los jóvenes taiwaneses por su postura pública en defensa de la identidad de la isla. Lejos de mostrarse intimidados, respondieron con ironía: Chen escribió “cuanto más fuerte es el viento, más estable soy”, mientras que Pa Chiung, en tono burlón, comentó que parecía haberse convertido en “otro Puma Shen”, en referencia a un diputado del partido gobernante DPP que también fue investigado por presunto separatismo.
El caso refleja una estrategia más amplia de presión política por parte de China, que considera a Taiwán como parte de su territorio a pesar de que la isla tiene gobierno propio, un sistema judicial independiente y elecciones democráticas. Para Beijing, cualquier expresión que cuestione su autoridad sobre Taiwán es vista como un intento de secesión, aunque la ley china no tiene jurisdicción sobre la isla.
En respuesta a estas acciones, figuras políticas taiwanesas han denunciado públicamente lo que consideran tácticas de intimidación destinadas a silenciar a quienes defienden la autonomía de la isla. Uno de ellos fue el diputado Puma Shen, quien declaró en el Parlamento alemán que China lleva tiempo intentando “amedrentar al pueblo taiwanés”, pero que la población no piensa retroceder ante estas amenazas.
El gobierno de Taipei rechaza con firmeza las reclamaciones de soberanía de Beijing y mantiene una postura clara: solo el pueblo taiwanés puede decidir su futuro. La publicación de recompensas y la criminalización de activistas, influencers y políticos forman parte de una creciente batalla discursiva entre ambos lados del estrecho, donde China intenta proyectar autoridad y Taiwán refuerza su identidad democrática.
Este episodio añade un nuevo capítulo al deterioro de las relaciones bilaterales y evidencia cómo incluso las voces de redes sociales se han convertido en actores relevantes en el pulso político entre dos visiones opuestas sobre la autodeterminación de la isla.