
Apple cerró 2025 como el principal fabricante mundial de smartphones, impulsada por el fuerte desempeño comercial del iPhone 17, que permitió a la compañía alcanzar una cuota global de mercado cercana al 20 %. El resultado consolida a la empresa estadounidense en el primer puesto del ranking del sector, por delante de sus principales competidores.
Uno de los factores clave detrás de este liderazgo fue la sólida demanda registrada en mercados emergentes y regiones más pequeñas, donde Apple logró ampliar su base de usuarios y reforzar su presencia. Este crecimiento compensó la desaceleración observada en mercados tradicionales, donde la penetración de smartphones ya es elevada. Samsung se mantuvo en la segunda posición con una cuota cercana al 19 %, mientras que Xiaomi ocupó el tercer lugar con aproximadamente un 13 % del mercado global.
Las tres compañías concentraron una parte significativa de las ventas mundiales, reflejando la alta concentración del sector. En términos generales, el mercado global de smartphones creció alrededor de un 2 % durante 2025, impulsado en gran medida por la recuperación de la demanda en economías emergentes y por ciclos de renovación de dispositivos en distintos segmentos de consumidores.
Sin embargo, las perspectivas para 2026 son más cautelosas. Se espera que las ventas globales experimenten una caída de magnitud similar, debido principalmente a problemas en la cadena de suministro y al aumento de los costos de componentes clave utilizados en la fabricación de dispositivos móviles. Uno de los mayores desafíos actuales es la escasez de chips de memoria, un componente esencial en smartphones.
La situación se ha visto agravada por el fuerte crecimiento de la infraestructura de centros de datos destinados a inteligencia artificial, lo que ha incrementado significativamente la demanda de este tipo de semiconductores. Como consecuencia, varios fabricantes de chips están priorizando la producción de memorias de alto rendimiento destinadas a servidores y sistemas de inteligencia artificial, en detrimento de componentes orientados a la electrónica de consumo, como teléfonos inteligentes y computadoras personales.
Este escenario plantea un entorno más complejo para los fabricantes de smartphones en el corto plazo, que deberán equilibrar innovación, costos y disponibilidad de componentes en un mercado cada vez más competitivo y condicionado por las dinámicas globales de la industria tecnológica.









