
En el Pacífico oriental, al menos catorce personas murieron y solo una sobrevivió durante tres ataques del ejército estadounidense contra presuntos barcos de contrabando de drogas, según informó el Pentágono. Los operativos, dirigidos contra cuatro embarcaciones en aguas internacionales y basados —de acuerdo con Defensa— en inteligencia previa sobre rutas y carga ilícita, marcaron un giro más duro en la ofensiva de Estados Unidos contra los cárteles.
Imágenes oficiales mostraron naves envueltas en llamas tras los impactos, mientras que el mando militar Southcom activó protocolos de búsqueda y rescate coordinados posteriormente con autoridades mexicanas. De acuerdo con la misma versión, en el primer ataque viajaban ocho hombres, en el segundo cuatro y en el tercero tres. Voceros de Defensa calificaron a los objetivos como parte de redes criminales transnacionales y afirmaron que esas estructuras serían rastreadas y neutralizadas.
Los operativos se insertan en la escalada anunciada por Washington a inicios de octubre contra el narcotráfico, respaldada por activos navales en la región y justificada por el impacto del fentanilo y otras sustancias en la salud pública estadounidense. Las acciones han generado críticas y llamados a escrutinio internacional. Expertos en derechos humanos de la ONU advirtieron que los ataques repetidos a embarcaciones en el Caribe y el Pacífico podrían implicar posibles violaciones del derecho internacional, en especial si no se prueba la inminencia de la amenaza o no se garantizan salvaguardias para la vida de los tripulantes.
Organizaciones y observadores piden una revisión independiente que aclare la base legal, las reglas de enfrentamiento y las circunstancias que llevaron al uso de fuerza letal en aguas internacionales.