El presidente Donald Trump tomó una medida que ha generado fuerte polémica en el panorama político estadounidense al ordenar el retiro de la protección del Servicio Secreto a la exvicepresidenta Kamala Harris.
La decisión, que entra en vigor a partir del 1 de septiembre, fue confirmada por funcionarios del propio Servicio Secreto y ha sido interpretada por analistas y críticos como un acto de carácter vengativo y motivado políticamente.
Harris, quien fue la principal rival de Trump en las elecciones de 2024, perderá así una cobertura de seguridad que históricamente se ha mantenido para expresidentes y exvicepresidentes, en reconocimiento a los riesgos que enfrentan incluso después de dejar el cargo.
El anuncio sorprendió tanto a la clase política como a la ciudadanía, ya que nunca antes un expresidente había revocado la protección de una exautoridad de tan alto rango. Según especialistas en seguridad, la medida podría exponer a Harris a un nivel elevado de riesgo, tomando en cuenta el clima político polarizado que atraviesa el país y las amenazas recurrentes hacia figuras públicas.
La administración Trump, por su parte, justificó la decisión alegando que la provisión de seguridad implica altos costos para el Estado y que no es necesaria una vez que un exfuncionario deja de desempeñar funciones oficiales. Las reacciones no se hicieron esperar. Miembros del Partido Demócrata calificaron la medida como una “represalia política” y advirtieron que podría sentar un peligroso precedente en la protección institucional de exmandatarios.
Incluso algunos sectores republicanos han mostrado reservas, señalando que la seguridad de antiguos altos cargos debería mantenerse al margen de las disputas partidistas.
La controversia promete escalar en el Congreso, donde ya se habla de presentar proyectos de ley que garanticen protección de por vida a expresidentes y exvicepresidentes, independientemente del signo político en el poder. Este episodio vuelve a colocar en el centro del debate el uso del poder presidencial para fines personales o políticos, así como el frágil equilibrio entre la seguridad nacional, la tradición institucional y la polarización que domina la escena política en Estados Unidos.